lunes, 4 de junio de 2012

un limonero de cien años

El otro día estuve en el huerto de mi tío tomando notas para quizás escribir algún día un cuento de fantasmas inspirado en este mágico lugar. La casa tiene unos cien años, pero los huertos llevan allí siglos, desde tiempos de los árabes. Junto a la casa hay dos limoneros, uno joven y otro viejo. El viejo tiene un tronco muy grueso y una hermosa copa. El joven tiene un tronco mucho menos robusto y una copa un tanto pobre. Me dijo mi tío: “Los árboles antiguos primero desarrollaban un tronco bien fuerte. Al principio casi no tenían ramas y eran feos, pero cuando eran lo suficientemente gruesos, les salían muchas ramas, hojas y frutos que duraban mucho. Los de ahora sacan un tronco endeble y enseguida hacen una copa espectacular, pero esa copa muy pronto se pierde porque no tiene un buen tronco que la nutra”. Los hechos le daban la razón: el limonero joven era escuálido, mientras que el viejo, el que tenía un siglo, no hacía más que dar nuevos y nuevos limones gracias a las fuertes y profundas raíces que lo alimentaban.

6 comentarios:

Noe dijo...

Me encantan los limoneros. A mi me ocurre algo parecido con una palmera centenaria que hay en el huerto del taller de mi padre. La palmera ha tenido varios novios que han querido llevársela pero mi padre siempre la ha mantenido en su lugar, adaptando incluso la obra del taller: "ese es su lugar".

windsor dijo...

No sé nada sobre limoneros y palmeras. En casa, nunca les ha gustado la huerta. De pequeña solía ir con una vecina a la suya y, la verdad, tengo muy buenos recuerdos de aquella época. Lo que más recuerdo siempre, en esta época, es el olor a albaricoques de mi tierra. Nos encantaba comerlos verdes.

Sisco dijo...

Los jovenes cuando son muy jovenes tardan unos cuantos años en que les crezcan sus barbas quizás a ese limonero joven aun le quede un poco de tiempo para lucir todo su cabello, si asi fuera tranquilidad, todo llega.......... El problema del viejo son sus canas y la fuerza que le quede, ¿esta claro?

Salva dijo...

El limonero lánguido suspende
una pálida rama polvorienta
sobre el encanto de la fuente limpia,
y allá en el fondo sueñan
los frutos de oro...
Es una tarde clara,
casi de primavera,
tibia tarde de marzo
que el hálito de abril cercano lleva;
y estoy solo, en el patio silencioso,
buscando una ilusión cándida y vieja:
alguna sombra sobre el blanco muro,
algún recuerdo, en el pretil de piedra
de la fuente dormido, o en el aire,
algún vagar de túnica ligera.
En el ambiente de la tarde flota
ese aroma de ausencia,
que dice al alma luminosa: nunca,
y al corazón: espera.
Ese aroma que evoca los fantasmas
de las fragancias vírgenes y muertas.
Sí, te recuerdo, tarde alegre y clara,
casi de primavera,
tarde sin flores, cuando me traías
el buen perfume de la hierbabuena,
y de la buena albahaca,
que tenía mi madre en sus macetas.
Que tú me viste hundir mis manos puras
en el agua serena,
para alcanzar los frutos encantados
que hoy en el fondo de la fuente sueñan...
Sí, te conozco, tarde alegre y clara,
casi de primavera.

Antonio Machado, Soledades, galerías y otros poemas (1907)

VERONICA LEONETTI dijo...

En casa de mis abuelos hay un árbol de aguacate que también tiene su historia, y cada uno de nosotros una historia con él.
Como se sacan frutos y metáforas de estos árboles familiares...

José Miguel Vilar-Bou dijo...

Son seres vivos: seguro que a su modo tienen memoria