La expresión “gigante de las letras” está
hecha para tíos como Thomas Mann. Su palabra es precisa y atrevida, y está
tocada por la gracia en ‘La muerte en Venecia’. Hay que perdonarle esa
dicotomía que recorre la novela de Alemania civilizada, sutil y espiritualmente
elevada frente al sur salvaje, peligroso, sucio y sensual cuando nos regala
cosas como estas:
Casi todo lo grande que existe existe como un
“a pesar de”, y adquiere forma pese a la aflicción ya los tormentos, pese a la
miseria, pese al abandono y la debilidad física, pese al vicio, a la pasión y a
mil impedimentos más.
El amante es más divino que el amado, porque
el dios habita en él y no en el otro.
El deseo vehemente es el resultado de un
conocimiento imperfecto.
La palabra sólo puede celebrar la belleza, no
reproducirla.
Es, sin duda, positivo que el mundo sólo
conozca la obra bella y no sus orígenes ni las circunstancias que acompañan su
génesis.

5 comentarios:
Madre mía, habrá que ver cómo ha quedado el libro...
Tadzio, Tadzio! :-)
pobre Aschenbach...
Roberto: todo rayado. Los hago polvo.
V: la verdad es que el hombre da mucha pena.
Lo apolíneo frente a lo dionisíaco, constante dicotomía entre la que se debate el bueno de Ashenbach. Muy recomendable también la película.
Un regalo de frases.
Todas sabias y ciertas.
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