jueves, 21 de junio de 2012

subrayando ‘la muerte en venecia’ de thomas mann


La expresión “gigante de las letras” está hecha para tíos como Thomas Mann. Su palabra es precisa y atrevida, y está tocada por la gracia en ‘La muerte en Venecia’. Hay que perdonarle esa dicotomía que recorre la novela de Alemania civilizada, sutil y espiritualmente elevada frente al sur salvaje, peligroso, sucio y sensual cuando nos regala cosas como estas:

Casi todo lo grande que existe existe como un “a pesar de”, y adquiere forma pese a la aflicción ya los tormentos, pese a la miseria, pese al abandono y la debilidad física, pese al vicio, a la pasión y a mil impedimentos más.

El amante es más divino que el amado, porque el dios habita en él y no en el otro.

El deseo vehemente es el resultado de un conocimiento imperfecto.

La palabra sólo puede celebrar la belleza, no reproducirla.

Es, sin duda, positivo que el mundo sólo conozca la obra bella y no sus orígenes ni las circunstancias que acompañan su génesis.

5 comentarios:

roberto dijo...

Madre mía, habrá que ver cómo ha quedado el libro...

V. dijo...

Tadzio, Tadzio! :-)
pobre Aschenbach...

José Miguel Vilar-Bou dijo...

Roberto: todo rayado. Los hago polvo.
V: la verdad es que el hombre da mucha pena.

Enric Herce dijo...

Lo apolíneo frente a lo dionisíaco, constante dicotomía entre la que se debate el bueno de Ashenbach. Muy recomendable también la película.

VERONICA LEONETTI dijo...

Un regalo de frases.
Todas sabias y ciertas.