jueves, 17 de noviembre de 2011

los competidores del camino de santiago

Hace unos años hice fallidamente el Camino de Santiago (nos desviamos para ir a emborracharnos a las fiestas de un pueblo) y siempre se me quedó la espina de terminarlo desde el lugar donde me quedé. Me quité dicha espina este verano. Pienso que es una experiencia profunda, religiosa o no. Pasas mucho tiempo contigo mismo, todo lo que posees está en una mochila, vives en los ritmos de la naturaleza: te levantas y acuestas con el sol. El Camino de Santiago es ideal cuando uno quiere hacer un punto y aparte, renovarse, comenzar una nueva etapa. Pensar. Decidir.
Pero me da la sensación de que la cosa ha cambiado mucho en poco tiempo. Esta vez primaban entre los peregrinos conversaciones del tipo: “Llevo una media de 40 kilómetros diarios. ¿Y tú?” O “una cantimplora no debe pesar más tanto” o “con dos bastones caminas una media de nosecuantos kilómetros más por hora”. O la más fuerte: “El que quiera ver paisajes que se vaya a pasear al campo”. En resumen, unos pesados. Mucha gente obsesionada por el cronómetro y por ser el primero. Mucho ganador nato, como les gusta verse a sí mismos. Vi a muy pocos sentándose a descansar en un puente medieval, viendo el agua correr entre los árboles. O deteniéndose a ver los pájaros, las montañas, los bosques profundos. O a escuchar aquellos silencios inmensos de las montañas. O a oler la menta y el eucalipto que te acompañan todo el tiempo. O simplemente a beber un trago de vino. Por supuesto, los ganadores natos no iban a hacer estas tonterías. Eso bajaría sus irreprochables marcas atléticas.

8 comentarios:

Sr. IA dijo...

Así es. Suma a la banalidad moderna el turismo de masas y obtendrás un palco de lujo a la cretinez más recalcitrante.

Yo lo vivo en la montaña. Tipos (perfectamente razonables, algunos mucho más sensatos que yo, y eso es lo más paradójico, no son orcos o subnormales) que van al monte con Tablets, GPS, equipación de 400 euros antisudor, y un sensor en el culo que les informa del ritmo cardiaco. con la única obsesión de generar neuropéptidos y batir marcas de celeridad. ¿Por que no se hacen una paja?

Que esto ya pase en el camino de Santiago...

José Miguel Vilar-Bou dijo...

Lo mismo: conozco gente razonable, etc. que a la hora de la comida no hablaban de cocido o de guisado de ternera. Hablaban de proteínas y calorías. Como si la alimentación fuese hacer números en el balance de una empresa.
Cada vez me alucina más lo fácilmente convencibles de todo que somos. Incluso de las necedades más mayúsculas y contraproducentes.

Lady Dragón dijo...

Qué gran verdad esa que el Camino es un punto y aparte, un renovarse, el comienzo de una nueva etapa.
Lo hice en el año 99, en él conocí al que ahora es mi ex, un alemán de Múnich, donde viví durante dos años. Desde luego fue el comienzo de algo, de mi vida, en concreto :D.

En aquel año, ya había cagaprisas, a los que los de la retaguardia mirábamos con pena. Pero empezábamos a ser los de menos los que nos quedábamos un día, por qué sí, en un pueblo o decidíamos almorzar en la fuente del vino, aunque fueran las diez de la mañana (qué peleón es el vino de esa fuente, madre mía).
Una lástima quien vive el Camino como si fuera una carrera y no disfruta del recorrido. La de gente que conocí por pararme a charlar en los pueblos. ¡Y la de veces que me invitaron a embutido por darles un poco de charla! :D

Salva dijo...

Hice el Camino de Santiago hará unos 12 años y, como todavía no vivíamos rodeados de decathlones, la gente que veía iba en plan sosegado y sin vestir de Kalenji.

Lo que sí había era mucho entendido de la enología, otra especie de competición en ver quién sabe más de vinos. Creo que ya hay masters de eso y todo...

roberto dijo...

Recuerdo que un amigo tuvo que suspender hace unos años el Camino de Santiago porque había una plaga de chinches (igual se refería a este tipo de personas).

José Miguel Vilar-Bou dijo...

Chinches, pulgas, piojos... los parásitos siempre le dan más autenticidad a la experiencia.

daniel paniagua díez dijo...

He terminado un recorrido por el Camino hace un par de semanas y he advertido que la gente se lo toma con mucha mas tranquilidad y disfrutando de las cosas del día a día. Los carrerinas suelen ser turistas-senderistas que hacen el Camino en verano. Si que recuerdo que en el 99 había mucha presión por encontrar plaza en los albergues. Pero ahora hay docenas de albergues y alojamientos de todo tipo por todas partes.

Jesus Z dijo...

Hay gente que no disfruta de tanto tiempo libre y que por motivos laborales o los que sea tiene los dias justos para hacerlo, no queda mas remedio que ir mirando constantemente el crono para ver si haces los km necesarios al dia, una pena, ojala tuviesemos mas tiempo...