
Esta novela parece prometernos las divertidas correrías de una diplomática en un país lejano y salvaje que casi cobra tintes mitológicos. Se nos presenta como una lectura ligera de media tarde o de sala de espera de aeropuerto. Pero no. Helena Cosano, con una frescura y una viveza casi mágicas, nos inocula una historia potente y triste sobre la lucha por el poder en las oficinas, campos de concentración del alma. Sobre lo pequeño que es el hombre comparado con la naturaleza, con el mundo. Sobre la magia, sobre la verdad que subyace bajo cada leyenda. Sobre cómo la vida se niega a discurrir dentro de las aburridas torres de cristal donde las personas pierden la alegría atadas a un ordenador. De todo esto nos habla Cándida diplomática (Algaida, 2011). Pero en esta novela hay también humor, viajes, reflexión, ternura. Y aprendemos que ni el frío estepario de cincuenta bajo cero, ni la muerte blanca, ni los no menos gélidos rascacielos, pueden acabar con el calor del arte y de la vida. La capacidad que revela Helena Cosano para pasar de lo ligero a lo legendario, de lo anecdótico a lo trascendente, convierten la lectura de esta novela en una experiencia intensa, rica y difícil de definir.

5 comentarios:
Habrá que leerlo, pese a la terrible portada.
Te garantizo que portada y libro no tienen nada que ver. A mí me pasó tb que, por la portada, creía que iba a leer un tipo de novela y luego resultó ser una cosa por completo diferente.
¿Y qué te hizo decantarte por esa novela?
Por cierto, hace cosa de un mes que se cumplieron 3 años de este blog. ¿El diablo no tendrá nada que decir o celebrar?
Amén a todo. Yo he currado en oficina, y para un tiempo está bien, pero es morir ante el ordenador, sentirte vigildo hasta por los compañeros (que no se deberían llamar así por la falta de compañerismo), los trepas, lo capullos, los familiares del jefe que se creen jefes...
-Salva: Los libros uno se los va encontrando por la vida. En realidad eso será en septiembre. Supongo que invitaré a unas papas y unos ganchitos o algo.
-Claudio: También hay de lo bueno, aunque por lo que me contaste eso no abundó en tu experiencia. Pero sí: oficinas, campos de concentración del alma.
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