lunes, 31 de mayo de 2010

¡Coño!


Debe haber habido algún error informático porque veo que Alarido de Dios aparece en la web de la Semana Negra de Gijón como candidata al premio Celsius a la mejor novela de fantasía en español de 2009.
Pues nada, nada. Habrá que aprovecharse del despiste para pasarse por allí antes de que se den cuenta del error. Así que ya saben: Si el Diablo quiere, nos vemos en Gijón en julio.

Aquí va la lista completa de nominaciones. Me alegra ver la increíble Red de Indra de Juanmi Aguilera (tan increíble como el cambio de look al que veo que se ha sometido) en la candidatura de los Celsius:

Premio HAMMETT a la mejor novela negra publicada originalmente en castellano en 2009
• Guillermo Orsi (Argentina): Ciudad santa (Almuzara).
• Carlos Salem (Argentina): Pero sigo siendo el rey (Salto de página)
• Eduardo Monteverde (México): Carroña´s Hotel (Editorial B, México)
• Mario Mendoza (Colombia): Buda Blues (Planeta Colombia)
• Carlos Bardem (España): Alacrán enamorado (Plaza & Janés)
• Cristina Fallarás (España): Así murió el poeta Guadalupe (Alianza)

Premio CELSIUS a la mejor novela de fantasía, ciencia ficción o terror publicada originalmente en castellano en 2009
• Eduardo Vaquerizo (España): La última noche de Hipatia (Alamut)
• Juan Miguel Aguilera (España): La red de Indra (Alamut)
• José Miguel Vilar-Bou (España): Alarido de Dios (Transversal)
• Antonio Dyaz, (España): Unicornio (Neverland)

Premio ESPARTACO a la mejor novela histórica publicada originalmente en castellano en 2009
• Alejandro Hernández (Cuba): Oro Ciego (Salto de página)
• Fermin Goñi (España): Los sueños de un libertador (Roca)
• Andres Pérez Dominguez (España): El violinista de Mauthausen (Algaida)
• León Arsenal (España): La luz de Egipto (Edhasa)

Premio RODOLFO WALSH al mejor libro de no ficción sobre tema criminal publicado originalmente en castellano en 2009
• Javier Sinay (Argentina): Sangre Joven (Tusquets Argentina)
• Mariano Sánchez Soler (España): Nuestra propia sangre (Rey Lear)
• Javier Valdez Cárdenas (México): Miss Narco (Aguilar-México)


MEMORIAL SILVERIO CAÑADA, a la mejor primera novela negra publicada originalmente en castellano en 2009:

• Gabriela Cabezón Cámara (Argentina): La Virgen Cabeza (Eterna Cadencia - Argentina)
• Gregorio Casamayor (España): La sopa de Dios (Acantilado)
• Carlos Zanón (España): Tarde, mal y nunca (Saymon)
• Enrique Rubio (España): Tengo una pistola (Booket)
• Matías Néspolo (Argentina): Siete maneras de matar un gato (Los libros del lince)

jueves, 27 de mayo de 2010

beatles y por qué escribir

Esta semana viene en El Colectivo Magazine un artículo aquí mío sobre el último concierto de los Beatles, aquel que tuvo por escenario la azotea del número 3 de Savile Road en el Londres de 1969. Se puede leer aquí. Muchas gracias a Daniel Miñano que me desveló el secreto.
Y por otra parte, Jorge Ruiz nos pregunta a un puñado de escritores, entre los que hay ilustres colegas como Enrique Cortés, Joe Álamo y David Jasso por qué escribimos. Aquí va mi respuesta.

lunes, 24 de mayo de 2010

'cuentos inhumanos' en nudo de piedras


Qué bueno que viene en Nudo de piedras, de Enric Herce, una reseña de Cuentos inhumanos, libro de relatos de un servidor ilustrados por Verónica Leonetti. Aquí va un copipaste. El texto completo aquí:

Contadas todas con la maestría del que conoce y ama su oficio y con la inestimable compañía de las ilustraciones de Veronica Leonetti, pequeñas cajas chinas en las que las formas casi nunca son lo que parecen, cada una de las sendas que esta obra propone entre sus páginas conduce al lector a territorios insospechados de su memoria y experiencia. Sin darte cuenta, te descubriras leyendo pensamientos y sensaciones que tú también has tenido y vivido, o evocando recuerdos más o menos lejanos, y dotándoles, gracias a su intermediación, de un significado nuevo que no supiste otorgar en el esquivo presente. «Cuentos inhumanos» es un puñado de historias al que nadie debería perder la oportunidad de hablar de tú a tú.

jueves, 20 de mayo de 2010

una bromilla

De vez en cuando me gusta gastar bromillas a la gente. Una muy graciosa la hice en el instituto. Había que escribir una redacción sobre el romanticismo. Un compañero de clase no tenía ganas ni tiempo y me pidió que se la hiciera yo, pues al día siguiente le tocaba leerla delante de la clase.
Yo, que soy muy cumplido y muy educado, le escribí una leyenda medieval que empezaba muy bien y muy mona, con caballeros, princesas y todo eso. Pero poco a poco la cosa desvariaba y culminaba en una sarta de salvajadas, despropósitos y animaladas que hubieran escandalizado a los comensales del comedor de un manicomio.
Los hechos lo prueban:
Al día siguiente no le di el papel a mi amigo hasta que prácticamente le tocó el turno de lectura. Sólo tuvo tiempo de leer la primera mitad del texto, de modo que salió a la pizarra sin sospechar lo que se le avecinaba. Allí se plantó él, carraspeó y comenzó a leer. La lectura empezó muy bien, muy elegante. El profesor asentía encantado y sorprendido, pues mi compañero era más bien de ciencias. Pero línea a línea, conforme el relato caía en el desvarío y la vesania, el gesto se le fue torciendo al maestro a la vez que toda la clase se reía. Lo mejor era la cara de mi compañero, alucinando, con los ojos cada vez más abiertos. En ellos se adivinaban el miedo por lo que pudiera venir en el párrafo siguiente y a la vez las ganas de reír. Hubo un punto en que se le hincharon los carrillos. Tuvo que parar y ahogar una carcajada. Leía una frase. Paraba. Se reía de nuevo. Se quedaba callado. Volvía a leer un poco. Se volvía a reír. Así todo el tiempo. El profesor le miraba desde el más sincero desconcierto.
Por algún milagro, el chico logró llegar al final de la lectura, un párrafo grotesco y reprobable en que el feto protagonista de la historia estrangulaba a su madre con su propio cordón umbilical. Mi amigo regresó al pupitre con la cara roja después de soportar las recriminaciones del profesor y mientras toda la clase se reía de él.
Cuando se sentó a mi lado le dije:
-Tío, te ha quedado de puta madre.
No sé por qué, me miró como enfadado, el tío desagradecido.

lunes, 17 de mayo de 2010

el taxista

Un domingo de madrugada llegué del aeropuerto a Victoria Station. El metro llevaba horas cerrado así que tuve que coger un taxi. Era invierno y Londres estaba nevado. En cuanto subí, el taxista puso el arranque instrumental de Shine on You Crazy Diamond de Pink Floyd. Esos acordes me obligaron a vivir el trayecto con otros ojos. En el silencio de la noche, la música volvía misteriosa la ciudad cubierta de nieve, la silueta de Buckingham Palace, la inmensidad oscura de Hyde Park, las fachadas dormidas de Mayfair. Conforme nos acercábamos a Marble Arch, mi parada, el taxista fue bajando el volumen y lo dejó a cero en el instante en que detuvo el coche.
Pensé que en la vida, en resumen, sólo tenemos dos opciones.

jueves, 13 de mayo de 2010

reseña de 'la quietud que precede'


Cualquier excusa es buena para hacerse publicidad, pero ninguna mejor que si la Sirenita del Mar le dedica una reseña a La quietud que precede. Allá va copiaypega:

A mí "La quietud que precede" me ha parecido un libro sobre algunas cosas que me suceden o que a veces pienso, sin saberlo. Y es un poco absurda esta sensación que me ha quedado como un espeso sedimento -la idea de que se está hablando de mí - un par de meses después de haberlo leído; digo que me parece absurda porque en realidad es una colección de cuentos preciosa, muchos de ellos - mis preferidos- de fantasmas, o de cosas más mundanas. Aunque si tuviera que resumir con brevedad de qué habla "La quietud que precede", diría que es un libro sobre cosas invisibles. Palabras -de José Miguel Vilar-Bou- e imágenes -de Verónica Leonetti- que definen de manera exquisita las cosas que no se ven, que solo se intuyen (como los fantasmas)
Pero no es solo eso. Es descubrir que yo también siento Amor por lo desconocido, que alguna vez, en mi corazón, Nace un fantasma; que me sobrecoge profundamente La quietud que precede a la tormenta. Después de la cual, siempre llega la calma.

lunes, 10 de mayo de 2010

la genialidad

Se pudo visitar hasta hace poco en la Royal Academy of Arts de Londres la exposición Van Gogh, the Artist and his Letters. Además del evidente interés artístico de la muestra, de ella se puede extraer una lección que inexplicablemente a veces se olvida. Muchos todavía creen que Van Gogh pintaba en sus arranques de locura, y que de ahí nacieron sus obras. “Es que era un genio”, dicen.
Nada más lejos de la realidad. El holandés planificaba obsesivamente sus composiciones, de manera minuciosa y milimétrica. Y las concebía durante mucho tiempo antes de acometerlas. Esa es la verdadera genialidad. Este hombre logró crear una obra extraordinaria a pesar de su locura. Contra su locura. Y como dijo Leonard Cohen, el arte no nace del sufrimiento, sino contra el sufrimiento. Como una victoria frente a la oscuridad.

jueves, 6 de mayo de 2010

le coq


Aprovechando que hace poco fui a Bélgica a la boda de mi amiga Lili (por cierto que en pleno apogeo de la nube de ceniza, pero yo viajaba en tren), pasé por Bruselas. Y me volví con un tesoro en la maleta, que es este cuadro de Nicolae Groza titulado Le coq. Nicolae es autor de la portada de Los navegantes. Hacía años que quería yo hacerme con alguna de sus increíbles pinturas sobre vidrio. Ahora, gracias a Stefan Revollo que tuvo la amabilidad de hacer la gestión, ya cuelga de la pared de mi cuarto.

domingo, 2 de mayo de 2010

'la quietud que precede' en ociozero



Qué bueno, qué bueno que viene en Ociozero una reseña de La quietud que precede. El texto completo puede leerse aquí, pero allá va un buen cacho:

Con su prosa precisa y acertada, que pone de manifiesto hasta qué punto el autor entiende los entresijos del lenguaje y cómo disfruta construyendo con sus herramientas, nos transporta de tal modo que resulta sorprendente constatar que, en realidad, seguimos aquí al lado. Si habla de fantasmas, estos tienen poco que ver con los espectros estereotipados que se encierran en castillos: son seres cercanos. Si habla de algo mundano, como el día a día de una gran ciudad, lo hace devenir nuevo, como si brillase con una luz distinta. Es un autor que, sin duda, tiene esa mirada mágica (y la capacidad para transmitirla) que consigue reinventarlo todo con el mero hecho de contarlo. Eso es lo que le da un estilo más allá de la mera forma: su perspectiva.
Y eso es algo que Verónica Leonetti capta a la perfección con sus ilustraciones, las cuales encierran muchas de las propiedades de la narrativa de Vilar Bou: atrapan sueños y apenas los cubren de un velo, resultan sugerentes y comprenden esa dualidad entre lo real y lo extraordinario que impregna La quietud que precede.