Me gusta el modo en que miras la calle volar al otro lado del cristal. Has subido al tranvía cerca de la estación, con paso quebrado y una tristeza elegante que electriza tus cabellos rubios. Llevas la máscara uniforme de los vencidos y te sientas delante de mí. Me ofrendas tu nuca. Yo te ofrendo mi oración a las desconocidas. Seguro que comprendería tus problemas si me los contaras. Hace frío. Es invierno. Hay luces navideñas en las calles. Adivino tu perfil contrariado, reconstruido para mí por el reflejo del cristal. Llevas un gorro granate con flor que te da cierto aire de señoritinga.
Intuyo mucha incomunicación en esta ciudad. En Milán hay tantas cosas por decir. Tantos gritos que se quedan en el alma. Tantos deseos podridos atascando las alcantarillas, fundiendo las bombillas navideñas. A veces me cruzo con chicas arregladas que reparten miradas peligrosas entre los hombres. Las he visto en el metro y en ciertos bares. Miradas encendidas como colillas de marihuana, sucedáneas de la primavera del alma que, desde tiempos de Eva y Adán, se rumorea que existe. No nos hagamos ilusiones, chica del tranvía. Princesa que sólo habla para sí. Tesorera de la cofradía de las etéreas desconocidas. Luego se intercambian palabras. El misterio, delicado como la nata que cubre la leche, se va por donde no vino. La magia del aire nos abandona. Eres carne bella. Carne observante que se ilumina cuando el tranvía atraviesa las calles de tiendas y los escaparates cautivadores se adueñan de ti. Ciao, cara. Me bajo en Scala. Ha sido un placer saber que existes.
viernes, 31 de octubre de 2008
miércoles, 29 de octubre de 2008
la palabra huérfana
No sé si es porque vivimos en un mundo audiovisual (donde el analfabetismo decrece mientras hace estragos el analfabetismo funcional), pero cada vez me pasa más que la palabra sola me sabe a poco. No puedo escribir sin imaginar los dibujos, la composición de página y los colores con que acompañaría lo que ande haciendo.
Todo está cada vez más interconectado: es desatinado no concebir la portada de una novela como parte INTEGRANTE de ésta. Eso es algo que en España muchas veces no se asume. En mis meses italianos aluciné con las ediciones que ofrecen las librerías de Milán: bellísimas, modernas, llamativas, arriesgadas, rompedoras. Es algo que echo de menos cuando entro en cualquier tienda española aunque siempre, por supuesto, con notables excepciones. Lo curioso es que precisamente las editoriales más poderosas son las que ofrecen las portadas más sosas y conservadoras mientras que las pequeñas se lo curran con diseños mucho más originales.
Pero no quiero engancharme sólo con la cubierta porque me refiero a todo: al proceso de crear en sí. Por eso estoy felicísimo de haber participado en el proyecto King Kong solidario junto a un montón de colegas, prácticamente todos del ramo fantástico. Digo que mola porque ayer mismo me hice con el libro en Futurama y da gusto ver cómo relato e ilustración se besan y se tocan página a página. Además los beneficios del libro van para Médicos sin Fronteras.
Mi granito de arena es el cuento Rey Kong que comparte espacio con un trabajo guapísimo del artista Alfonso Salazar. En realidad, no es tanto un relato como un pensamiento, pero supongo que contar un pensamiento es contar, así que dejémoslo en cuento.
En el sarao andan metidos Scifiworld Magazine, Norma Editorial, Planeta DeAgostini Comics y el festival de Sitges. Y cómo no, el hiperactivo David Mateo que entre revolución y revolución encuentra tiempo para escribir una novela por año y a quien el Diablo debe ya más de una cerveza.
Ha sido también una sorpresa encontrar en el catálogo a Stygryt, autor de la cabecera de este blog que participa con un dibujo que mola mucho (como todo lo que viene de él) y que es muy de su estilo.
Y hablando de todas estas cosas y de hermanar palabras e imágenes, dejo hoy como postre un boceto a lápiz del dibujante Marc Bou basado en El hombre borrado, cuento mío recientemente publicado en el Historias Asombrosas especial Sitges.
¡Salud!
Todo está cada vez más interconectado: es desatinado no concebir la portada de una novela como parte INTEGRANTE de ésta. Eso es algo que en España muchas veces no se asume. En mis meses italianos aluciné con las ediciones que ofrecen las librerías de Milán: bellísimas, modernas, llamativas, arriesgadas, rompedoras. Es algo que echo de menos cuando entro en cualquier tienda española aunque siempre, por supuesto, con notables excepciones. Lo curioso es que precisamente las editoriales más poderosas son las que ofrecen las portadas más sosas y conservadoras mientras que las pequeñas se lo curran con diseños mucho más originales.
Pero no quiero engancharme sólo con la cubierta porque me refiero a todo: al proceso de crear en sí. Por eso estoy felicísimo de haber participado en el proyecto King Kong solidario junto a un montón de colegas, prácticamente todos del ramo fantástico. Digo que mola porque ayer mismo me hice con el libro en Futurama y da gusto ver cómo relato e ilustración se besan y se tocan página a página. Además los beneficios del libro van para Médicos sin Fronteras.
Mi granito de arena es el cuento Rey Kong que comparte espacio con un trabajo guapísimo del artista Alfonso Salazar. En realidad, no es tanto un relato como un pensamiento, pero supongo que contar un pensamiento es contar, así que dejémoslo en cuento.
En el sarao andan metidos Scifiworld Magazine, Norma Editorial, Planeta DeAgostini Comics y el festival de Sitges. Y cómo no, el hiperactivo David Mateo que entre revolución y revolución encuentra tiempo para escribir una novela por año y a quien el Diablo debe ya más de una cerveza.
Ha sido también una sorpresa encontrar en el catálogo a Stygryt, autor de la cabecera de este blog que participa con un dibujo que mola mucho (como todo lo que viene de él) y que es muy de su estilo.
Y hablando de todas estas cosas y de hermanar palabras e imágenes, dejo hoy como postre un boceto a lápiz del dibujante Marc Bou basado en El hombre borrado, cuento mío recientemente publicado en el Historias Asombrosas especial Sitges.
¡Salud!
lunes, 27 de octubre de 2008
último show en el ex imperio
Quedan menos de dos semanas para las elecciones a la presidencia de EE.UU., la principal democracia del mundo. Tan principal que ni siquiera se sabe quién ganó los comicios que enfrentaron a George W. Bush y Al Gore ocho años atrás.
Ya el Washington Post, Los Angeles Times, el Chicago Tribune y el New York Times se han pronunciado por la candidatura del senador Obama (ese al que ciertos votantes de McCain consideran “musulmán” y “terrorista”. Así, tranquilamente).
Lo que me pregunto, lo que me inquieta desde mi nicho en el mundo, es: ¿Alguien sabe lo que proponen los candidatos? Es decir, son infinitas las horas que los informativos de todo el globo han dedicado a la campaña. Pero sólo a eso: a la campaña: si Obama fumó porros de joven y trató con un terrorista; si McCain saca la lengua o no (por cierto que la cirugía estética masiva que se ha hecho para quitarse años le ha sentado la mar de bien); si Larry Flynt produce una película porno protagonizada por una tetudísima doble de Palin. Hemos visto las salvajadas de pasta que los partidos han sacado a las grandes empresas para pagarse los anuncios en la tele y los saraos megalómanos. Hemos visto tebeos en los que ambos candidatos aparecen como grotescos superhéroes Marvel. Hemos visto muñecos que les convierten en G.I. Joes con corbata. Hemos visto el absurdo consumista y capitalista elevado a lo inconmensurable.
Y detrás de todo este circo, detrás de toda esta payasada monumental, ¿alguien sabe qué proponen los candidatos o qué van a hacer con el mundo cuando gobiernen el ex imperio? Pocos reparan en que McCain ha cambiado hasta seis veces de opinión sobre la guerra de Irak y sobre la economía. Pocos aquí se han fijado en que Obama habló con alegría colegial de “intervenir” (oh, my God!) en Pakistán si sigue campando el extremismo islámico en una sociedad que odia cada vez más al ex imperio norteamericano.
No hay más que ver la precipitación con que el partido republicano ha elegido como número dos a una ex miss corrupta sólo por lo buena que está, por el estilo que tiene y porque, dada su prestancia personal y sus gafas, puede caerle bien a la “americana media”. Eso por no hablar de Joe el fontanero y otras necedades mediáticas del palo que hacen sospechar que los mandamases yanquis verdaderamente desprecian la inteligencia de su sociedad.
A este observador lejanísimo le parece que ni uno ni otro candidato saben qué harán. Y me parece también que este detallito de nada no alarma a nadie, nadie, nadie. Es un hecho muy sintomático de cómo anda de anestesiado, idiotizado y fofo nuestro primer mundo.
Nos decantamos por Obama porque es flaco, negro y le queda genial esa camisa blanca arremangada para nada inspirada en Kennedy. Y seguramente como es joven no le gustará la guerra. O por McCain, porque la cirugía estética hace milagros y es un héroe de la vergonzosísima guerra de Vietnam. Más allá de eso, ¿alguien puede aportar algo? ¿Información, por favor? En la web de McCain ni siquiera figura el asunto de la pobreza (un mal creciente en EE.UU.), mientras que el programa espacial cuenta con apartado propio.
Aduce el New York Times para ir con Obama: “Ha demostrado que es la elección correcta para Estados Unidos (…) Ha crecido como líder y ha transformado en reales sus promesas de esperanza y cambio”.
Muy bonito y muy irreal esa búsqueda de valores espirituales originados en una sala de reuniones llena de asesores de imagen.
Eso es precisamente lo que determina la opinión de la gente: imágenes. Imágenes que se llevará el viento. Sigamos encantándonos con las luces deslumbrantes, cegadoras, que nos lanza el televisor. Que mientras, por detrás, viene la grandísima polla de la crisis para encularnos bien.
Ya el Washington Post, Los Angeles Times, el Chicago Tribune y el New York Times se han pronunciado por la candidatura del senador Obama (ese al que ciertos votantes de McCain consideran “musulmán” y “terrorista”. Así, tranquilamente).
Lo que me pregunto, lo que me inquieta desde mi nicho en el mundo, es: ¿Alguien sabe lo que proponen los candidatos? Es decir, son infinitas las horas que los informativos de todo el globo han dedicado a la campaña. Pero sólo a eso: a la campaña: si Obama fumó porros de joven y trató con un terrorista; si McCain saca la lengua o no (por cierto que la cirugía estética masiva que se ha hecho para quitarse años le ha sentado la mar de bien); si Larry Flynt produce una película porno protagonizada por una tetudísima doble de Palin. Hemos visto las salvajadas de pasta que los partidos han sacado a las grandes empresas para pagarse los anuncios en la tele y los saraos megalómanos. Hemos visto tebeos en los que ambos candidatos aparecen como grotescos superhéroes Marvel. Hemos visto muñecos que les convierten en G.I. Joes con corbata. Hemos visto el absurdo consumista y capitalista elevado a lo inconmensurable.
Y detrás de todo este circo, detrás de toda esta payasada monumental, ¿alguien sabe qué proponen los candidatos o qué van a hacer con el mundo cuando gobiernen el ex imperio? Pocos reparan en que McCain ha cambiado hasta seis veces de opinión sobre la guerra de Irak y sobre la economía. Pocos aquí se han fijado en que Obama habló con alegría colegial de “intervenir” (oh, my God!) en Pakistán si sigue campando el extremismo islámico en una sociedad que odia cada vez más al ex imperio norteamericano.
No hay más que ver la precipitación con que el partido republicano ha elegido como número dos a una ex miss corrupta sólo por lo buena que está, por el estilo que tiene y porque, dada su prestancia personal y sus gafas, puede caerle bien a la “americana media”. Eso por no hablar de Joe el fontanero y otras necedades mediáticas del palo que hacen sospechar que los mandamases yanquis verdaderamente desprecian la inteligencia de su sociedad.
A este observador lejanísimo le parece que ni uno ni otro candidato saben qué harán. Y me parece también que este detallito de nada no alarma a nadie, nadie, nadie. Es un hecho muy sintomático de cómo anda de anestesiado, idiotizado y fofo nuestro primer mundo.
Nos decantamos por Obama porque es flaco, negro y le queda genial esa camisa blanca arremangada para nada inspirada en Kennedy. Y seguramente como es joven no le gustará la guerra. O por McCain, porque la cirugía estética hace milagros y es un héroe de la vergonzosísima guerra de Vietnam. Más allá de eso, ¿alguien puede aportar algo? ¿Información, por favor? En la web de McCain ni siquiera figura el asunto de la pobreza (un mal creciente en EE.UU.), mientras que el programa espacial cuenta con apartado propio.
Aduce el New York Times para ir con Obama: “Ha demostrado que es la elección correcta para Estados Unidos (…) Ha crecido como líder y ha transformado en reales sus promesas de esperanza y cambio”.
Muy bonito y muy irreal esa búsqueda de valores espirituales originados en una sala de reuniones llena de asesores de imagen.
Eso es precisamente lo que determina la opinión de la gente: imágenes. Imágenes que se llevará el viento. Sigamos encantándonos con las luces deslumbrantes, cegadoras, que nos lanza el televisor. Que mientras, por detrás, viene la grandísima polla de la crisis para encularnos bien.
jueves, 23 de octubre de 2008
va de fantasía española

Gabriel Guerrero Gómez se me ganó en el momento en que dijo que su referencia a la hora de escribir novela era ‘El conde de Montecristo’. Había venido a Valencia a firmar ejemplares de la primera entrega de Sillmarem, su personalísima epopeya cifi que va para tetralogía. Hace un par de días que me llegó por correo y cálidamente dedicada la segunda parte de la saga, ‘Torre por alfil' (Equipo Sirius), con una portada y un formato que te hablan de usted.
Merece la pena meterse en el deslumbrante mundo de planetas, civilizaciones y naves espaciales de esta space opera patria con un lenguaje directo, pero colorido. El primer libro me sorprendió sumergido en la página 200 casi sin darme cuenta. Así de atrapado me quedé en esta interesante movida futurista donde el ritmo y las aventuras no se detienen ni para cagar.

De todos los autores que cultivan la fantasía en España, tal vez Francisco Javier Illán Vivas sea uno de los máximos representantes de la vertiente clásica del género. Sus páginas están repletas de purismo y armonía. Su saga ‘La cólera de Nébulos’, que pone la mirada en la Grecia antigua y en voces como la de Robert E. Howard, encarna muy bien esto que digo: con un lenguaje pulido como los senos de una Atenea de Fidias sólo posible en alguien que viene de la poesía y que sabe lo que es aquilatar un verso.
Precisamente hoy, 24 de octubre, presentará ‘El rey de las esfinges’, la segunda parte de la saga, en la biblioteca municipal de San Javier a las 20.00. En la mesa le acompañarán Pepa García (alcaldesa de San Javier), Álvaro Peña (autor de la portada) y Antonio Caballero (autor del mapa de Laugea).
Más adelante, el 19 de noviembre, presentará la novela en la Fnac Nueva Condomina de Murcia a las 19.00.
Bueno, hay crisis. Pero también nuevos libros de los que hablar.
¡Salud!
miércoles, 22 de octubre de 2008
extremoduro + reseña en nudo de piedras
Con el primer concierto de rock pasa como con el primer polvo: nunca lo olvidas (en algunos casos por desgracia, según me ha confesado alguna). Mi primera vez fue a los quince (me refiero a la música). Fue en una discoteca de pueblo (de nuevo me refiero a la música). Entonces aún no se llamaba botellón al botellón, pero era el previo ideal: emborracharse antes de entrar a dar botes. Pedir hielo a las chavalas para el cubata y, si no eras muy tonto, conocerlas. Yo era muy tonto.
Cantaban unos tíos que se llamaban Extremoduro que llevaban mucho tiempo por ahí pero que acababan de hacerse megafamosos con el Agila y tal. Y al escenario salió un sujeto salvaje y patibulario. Pero ese tipo salvaje y patibulario se arrancó con un poema cuyo rugido final aún no he olvidado: “Y aquí tienes mi corazón en forma de espada dispuesto para ir a la batalla”. Y entonces nos poseyeron los guitarrazos y un roto “Sooooy trozos de lluvia y de sol”. Y la muchedumbre la emprendió a saltos y cabezazos y no pudimos evitar unirnos a la marea pletórica de furia.
Entonces yo aún daba botes en los conciertos. Lo dejé el día en que uno de los cantantes de Molotov me rompió la nariz de un botellazo.
Esa noche inaugural en una discoteca de pueblo tenía quince años. Hoy tengo 29. Es la una de la madrugada y acabo de escuchar ‘La ley innata’, el nuevo disco de Extremoduro. Es raro que se me vaya la cabeza arriba y abajo como cuando adolescente, pero sentado delante del portátil bailo con el alma y me agarro a la cola del viento y me siento mejor si sé que tengo una estrellita pequeñita pero firme.
Si el Diablo me posee algún día, sé que lo hará en forma de canción, porque la música es la ciencia del alma y nadie la sabe explicar. Tampoco sé explicar cómo Robe Iniesta sigue tan poderoso y tan inspirado más de veinte años después de su primer taco cantado en verso. Hoy su garganta de dios desterrado me conmueve igual que en aquella noche mitológica de humo, borrachos y triposos llorando bajo los coches.
Creo que su deseo se cumplió: su voz es tan fuerte que a veces retumba en las montañas.
Una posdata:
Enric Hercé, dentro de una serie que está consagrando en su blog Nudo de Piedras a la nueva fantasía española (nueva en el sentido de libros de reciente publicación) ha dedicado una interesante reseña a ‘Los navegantes’ que enlazo aquí. En ella lanza afirmaciones que me han obligado a abrir un debate conmigo mismo:
Está totalmente fuera de lugar etiquetar a 'Los Navegantes' de novela de fantasía. Cierto que hay en ella fábulas, magia y monstruos, pero su presencia es anecdótica y más que evocador o de evasión, su papel es embrutecedor, convirtiendo en todavía más horrendo el escenario que se nos muestra.
¡Salud!
Cantaban unos tíos que se llamaban Extremoduro que llevaban mucho tiempo por ahí pero que acababan de hacerse megafamosos con el Agila y tal. Y al escenario salió un sujeto salvaje y patibulario. Pero ese tipo salvaje y patibulario se arrancó con un poema cuyo rugido final aún no he olvidado: “Y aquí tienes mi corazón en forma de espada dispuesto para ir a la batalla”. Y entonces nos poseyeron los guitarrazos y un roto “Sooooy trozos de lluvia y de sol”. Y la muchedumbre la emprendió a saltos y cabezazos y no pudimos evitar unirnos a la marea pletórica de furia.
Entonces yo aún daba botes en los conciertos. Lo dejé el día en que uno de los cantantes de Molotov me rompió la nariz de un botellazo.
Esa noche inaugural en una discoteca de pueblo tenía quince años. Hoy tengo 29. Es la una de la madrugada y acabo de escuchar ‘La ley innata’, el nuevo disco de Extremoduro. Es raro que se me vaya la cabeza arriba y abajo como cuando adolescente, pero sentado delante del portátil bailo con el alma y me agarro a la cola del viento y me siento mejor si sé que tengo una estrellita pequeñita pero firme.
Si el Diablo me posee algún día, sé que lo hará en forma de canción, porque la música es la ciencia del alma y nadie la sabe explicar. Tampoco sé explicar cómo Robe Iniesta sigue tan poderoso y tan inspirado más de veinte años después de su primer taco cantado en verso. Hoy su garganta de dios desterrado me conmueve igual que en aquella noche mitológica de humo, borrachos y triposos llorando bajo los coches.
Creo que su deseo se cumplió: su voz es tan fuerte que a veces retumba en las montañas.
Una posdata:
Enric Hercé, dentro de una serie que está consagrando en su blog Nudo de Piedras a la nueva fantasía española (nueva en el sentido de libros de reciente publicación) ha dedicado una interesante reseña a ‘Los navegantes’ que enlazo aquí. En ella lanza afirmaciones que me han obligado a abrir un debate conmigo mismo:
Está totalmente fuera de lugar etiquetar a 'Los Navegantes' de novela de fantasía. Cierto que hay en ella fábulas, magia y monstruos, pero su presencia es anecdótica y más que evocador o de evasión, su papel es embrutecedor, convirtiendo en todavía más horrendo el escenario que se nos muestra.
¡Salud!
lunes, 20 de octubre de 2008
‘¡Jodido lunes!’, antología del fracaso
Vamos a aprovechar que es lunes y que estamos todos de mala hostia para desaconsejar absolutamente un libro: ‘¡Jodido lunes! (antología del rechazo)’, libro (electrónico) que reúne los relatos no finalistas del concurso Domingo Santos.
Al Diablo siempre le han gustado los perdedores, sobre todo cuando algunos de ellos son gente como David Prieto, el autor de ‘Urnas de jade’ (AJEC), Alejandro Guardiola, finalista del premio Minotauro con la esperadísima ‘Sombras de una vieja raza’, Juan José Tena, Alejandro V. Vegas, Luis Besa, Hugo Álvarez Patiño, José Luis Castaño Restrepo, Víctor Martínez Martí, Laura Quijano Vincenzi y Daniel Pérez Navarro.
El libro, bajo el sello Cuatro gatos, ha sido editado en Lulú desde donde se descarga en lo que tardas en decir “me corrí”. Y si no te lo crees, compruébalo .
David Prieto, alma del proyecto, me invitó a escribir unas líneas para la contraportada. Por desgracia me di cuenta demasiado tarde de que la pistola no estaba cargada.
Así que varios autores de reconocido desprestigio hemos aportado nuestro grano de arena a la última página de esta antología nacida del fracaso y abocada a él, donde se pudrirá en el más ignominioso de los olvidos. Lean, lean. Y verán cómo se les van las ganas de bajárselo:
Dicen que en los suburbios acaba la basura, pero… ¿quién nos asegura que toda la basura es mala? Vivimos en un mundo materialista en el que, con tal de bailar con la más guapa, desechamos quilates de belleza en bruto. Seguro que en estos suburbios encontrarás unas cuantas joyas desahuciadas. Yo ya estoy rebuscando…
(Tobías Grumm, escritor)
Nunca había quedado tan patente la ausencia de talento en una antología. Con personajes más planos que el encefalograma de sus autores y tramas argumentales dignas de mofa, el pacto narrativo debe ser para estos autores un concepto de lo más desconocido... sólo las garrafales faltas de gramática y ortografía serían suficiente para repeler al más transigente de los editores o seleccionadores. Si el lector busca un manual de cómo no escribir, esta obra es de lo más recomendable.
(Gabriella Campbell, editora)
Vergonzosa como poco, esta antología compuesta de frases inconexas rezuma patetismo por los cuatro costados. Sus autores, un grupo de iletrados pretenciosos acomplejados por el tamaño de sus genitales, demuestran que la fantasía y el terror son géneros como mínimo prescindibles. Ojalá resucitara Hitler y volviera a quemar libros, sobre todo si son como este.
(Claudio Cerdán, escritor)
¿Cómo? ¿Un montón de perdedores que se unen y se atreven a publicar sus relatos? Una locura, una auténtica locura. Por si los géneros de fantasía, terror y ciencia ficción no fueran lo suficientemente malos en castellano con los autores que ganan, ahora tenemos que aguantar esto. ¿Qué será lo siguiente? ¿Poner un chimpancé delante de una máquina de escribir y publicar el resultado?
(Pedro Escudero, colaborador de página web)
Pocas veces se ha escrito tan mal. Si alguien le habla de un libro llamado ‘¡Jodido lunes!’ huya como de la peste. Un regalo ideal para su jefe o para cualquier otra persona a la que desee una muerte lenta. Así me he sentido yo durante la lectura de esta antología infecta y calamitosa. No se fije en los nombres de los autores que participan: jamás oirá hablar de ellos en el futuro.
(José Miguel Vilar-Bou, escritor)
viernes, 17 de octubre de 2008
isidro gómez en tarragona

Aquí mi amigo Isidro Gómez (también conocido como Isildur) es cantautor de los de guitarra y silla. No necesita más para tocar a la gente. Ha llevado sus canciones, sensibles y llenas de lenta intensidad, a Bruselas, a la Universidad Plantijn de Amberes y a Limerik (Irlanda), siempre quedándose con la peña en sus actuaciones. Porque él no necesita levantarse para que los corazones se le rindan. Hemos visto el milagro cien veces en Valencia. También en Barcelona y Burgos (donde yo mismo, por accidente, le acompañé a la guitarra solista).
Esta noche, 17 de octubre, va para Tarragona. A las 23.00 actuará en el Camp de Mart. Merece la pena coger un bus al lugar del concierto y dejarse ganar por su música natural y pura, que le sale del alma casi mientras habla.
Lo mejor de Isidro Gómez es que no va de nada. Sale al escenario sin poses ni artificios. Sobre la madera se le ve a él, armado sólo de canciones. Y por eso siempre te tumba cuando le escuchas: porque le habla directo al corazón, sin pedales, efectos ni sintetizadores que le estorben en el camino.
Suerte esta noche y dale recuerdos a Tarragona de mi parte.
miércoles, 15 de octubre de 2008
'el hombre borrado' en Historias Asombrosas + 10 años para el libro de papel

Lo que más mola de ver un cuento tuyo publicado en Historias Asombrosas es esa sensación de andar metido en una de aquellas viejas revistas pulp norteamericanas de los años 30 y 40. De adolescente me alucinaban esas portadas amarillistas, pero con cierto dejo art nouveau del Weird Tales. Había algo misterioso y arcano en ellas. Eran la puerta a otro mundo. Y Lovecraft o Robert E. Howard se convertían a mis ojos en divinidades mitológicas por el mero hecho de expandir sus pesadillas alucinadas entre las páginas de aquella Biblia perecedera del sueño y de lo imposible.
Pues aquí andamos ahora ocho escritores metidos en el Especial Sitges de Historias Asombrosas. Todo gracias a esa central nuclear de ideas que se llama David Mateo y a Luis Rosales de Scifiworld.
Por fortuna, el lunes hubo tormenta a partir de las ocho: condición divina para penetrar en una revista como esta, con su formato elegante, serio y efectivo. Para navegar sobre la prosa marina de Rafa Marín; para envidiar el dominio imposible del género breve que posee Santiago Eximeno; para sumergirse en la portentosa alucinación pulp de Joe Alamo; para disfrutar con la gamberrada y los guiños de José Manuel Serrano Cueto; para morir de risa con la genialidad cachonda de David Jasso (qué cuento, por favor); para sumergirse en la sordidez cotidiana que nos pinta José María Tamparillas; y finalmente para admirar el talento y la sorprendente madurez narrativa de Ángel Luis Sucasas.
Es un número lleno de horror y de humor este de Historias Asombrosas.
En cuanto a lo mío, lo mío es ‘El hombre borrado’, un cuento de género hijodeputa que me costó cuatro días arrojar al mundo. Cometí el pecado cerca del mar, adonde escapo a veces. Lo escribí como quien se somete a sí mismo a una pesadilla y lo parí como quien alumbra a su peor y más monstruoso enemigo.
Espero que alguien lo disfrute tanto como lo sufrí yo.
Una posdata:
Diez años. Ese es el tiempo que, según una encuesta realizada a 1.000 profesionales en el contexto de la Feria de Francfurt, tardará el libro digital en desplazar al papel. Otro 30% de los encuestados sostiene que esto jamás sucederá. Google y Amazon serán, junto al público, los agentes favorecedores del cambio. Y China competirá con EE.UU. como gran potencia librera. Los editores asisten al proceso sin pesimismo. O al menos eso dice el artículo, publicado por el diario El País.
lunes, 13 de octubre de 2008
dice neil young + reseña de 'los navegantes'
"El CD fue un desastre pero todo empeoró con el MP3. Es una tragedia que la gente escuche música en los ordenadores o en esos aparatitos. No dan sonido real, son como esos juguetes de plástico que venden en los supermercados. Hemos dejado que las empresas informáticas definan lo que es un buen sonido y han demostrado que no tienen ni idea de alta fidelidad. Hacen máquinas muy bonitas pero suenan a mierda. ¿Sabes una cosa? Estuve en casa de Steve Jobs, el jefe de Apple. Y en su salón tenía elepés y un giradiscos".
Así dijo Neil Young recientemente en una entrevista publicada en El País. No voy a caer en el rollo cascarrabias de que lo antiguo tenía más encanto, ni en el curioso hecho de que bandas actuales como Cold Play siguen sacando pequeñas ediciones en vinilo de sus álbumes. Pero sí es cierto que, como diría mi amigo Enrique Orduña, no es lo mismo escuchar Nebraska de Bruce Springsteen en MP3 que en los negros surcos del viejo disco.
La perspectiva de que los libros puedan convertirse en un archivo inmaterial que va de terminal en terminal me estimula como escritor y me aterra como lector.
Lo digo porque hace años curraba en un periódico local cuya redacción estaba en una biblioteca. El director me ganaba en edad y también en modernidad. Recuerdo que una vez me dijo: “Pronto no necesitaremos ocupar las paredes con todos esos libros sino que los tendremos en un solo ordenador”. Y yo pensé: “¿y a mí qué? No quiero tener las paredes libres. Las quiero atiborradas de lomos de cuantos más colores mejor, como si fueran un ejército dormido”.
Seguro que el escritor Emilio Bueso me llamaría ahora fetichista: en mis primeros tiempos bruselenses me mudé a un desangeladísimo semisótano de paredes y estantes vacíos en rue Goffart. Una noche, paseando con unos amigos franceses, me encontré casi que en la basura dos libros en neerlandés. Uno de ellos ni siquiera tenía tapas. No tengo ni idea de neerlandés. En mi mejor momento sólo aprendí a decir “busco chicas calientes” y ni siquiera las encontré. Sin embargo rescaté del pudridero esos dos libros decididamente kistch y mojados de lluvia e inauguré con ellos la deshabitada estantería de mi cuarto.
Los necesitaba. Necesitaba despertar y ver libros. Compartir mi mala vida con esos seres que ríen, lloran y respiran.
Por eso algún día me pasará (a mí y a ti) como al jefe de Apple: escribiré libros que la gente leerá en un aparatito. Y mientras, acumularé papel mortal pero real en las paredes de mi casa como si padeciera el síndrome de Diógenes. La diferencia es que no estaré en un piso de Manhattan sino en un semisótano con vistas a las piernas de las chicas que pasan por la acera. Bien pensado, no está tan mal.
Y cambiando de rollo rollero, ha salido en C el hijo de cyberdark una nueva reseña de ‘Los navegantes’. Ahí estoy muy bien acompañado por ‘Fantástica televisión’ de Alfonso Merelo.
Aquí arreo el enlace y cito el párrafo final del asunto:
Los navegantes es una novela original y distinta dentro de la fantasía épica. Muchos buscamos en la fantasía épica un refugio frente al cinismo y corrupción del mundo real; buscamos historias donde el heroísmo y el valor tienen significado, relatos grandiosos que nos hagan sentirnos mejor. No encontraremos nada de ello en esta historia que desmitifica salvajemente a sus héroes y que, aunque esté muy llevada al extremo, se intuye más cercana a la realidad de los conflictos bélicos que otras visiones más idealizadas.
¡Salud!
Así dijo Neil Young recientemente en una entrevista publicada en El País. No voy a caer en el rollo cascarrabias de que lo antiguo tenía más encanto, ni en el curioso hecho de que bandas actuales como Cold Play siguen sacando pequeñas ediciones en vinilo de sus álbumes. Pero sí es cierto que, como diría mi amigo Enrique Orduña, no es lo mismo escuchar Nebraska de Bruce Springsteen en MP3 que en los negros surcos del viejo disco.
La perspectiva de que los libros puedan convertirse en un archivo inmaterial que va de terminal en terminal me estimula como escritor y me aterra como lector.
Lo digo porque hace años curraba en un periódico local cuya redacción estaba en una biblioteca. El director me ganaba en edad y también en modernidad. Recuerdo que una vez me dijo: “Pronto no necesitaremos ocupar las paredes con todos esos libros sino que los tendremos en un solo ordenador”. Y yo pensé: “¿y a mí qué? No quiero tener las paredes libres. Las quiero atiborradas de lomos de cuantos más colores mejor, como si fueran un ejército dormido”.
Seguro que el escritor Emilio Bueso me llamaría ahora fetichista: en mis primeros tiempos bruselenses me mudé a un desangeladísimo semisótano de paredes y estantes vacíos en rue Goffart. Una noche, paseando con unos amigos franceses, me encontré casi que en la basura dos libros en neerlandés. Uno de ellos ni siquiera tenía tapas. No tengo ni idea de neerlandés. En mi mejor momento sólo aprendí a decir “busco chicas calientes” y ni siquiera las encontré. Sin embargo rescaté del pudridero esos dos libros decididamente kistch y mojados de lluvia e inauguré con ellos la deshabitada estantería de mi cuarto.
Los necesitaba. Necesitaba despertar y ver libros. Compartir mi mala vida con esos seres que ríen, lloran y respiran.
Por eso algún día me pasará (a mí y a ti) como al jefe de Apple: escribiré libros que la gente leerá en un aparatito. Y mientras, acumularé papel mortal pero real en las paredes de mi casa como si padeciera el síndrome de Diógenes. La diferencia es que no estaré en un piso de Manhattan sino en un semisótano con vistas a las piernas de las chicas que pasan por la acera. Bien pensado, no está tan mal.
Y cambiando de rollo rollero, ha salido en C el hijo de cyberdark una nueva reseña de ‘Los navegantes’. Ahí estoy muy bien acompañado por ‘Fantástica televisión’ de Alfonso Merelo.
Aquí arreo el enlace y cito el párrafo final del asunto:
Los navegantes es una novela original y distinta dentro de la fantasía épica. Muchos buscamos en la fantasía épica un refugio frente al cinismo y corrupción del mundo real; buscamos historias donde el heroísmo y el valor tienen significado, relatos grandiosos que nos hagan sentirnos mejor. No encontraremos nada de ello en esta historia que desmitifica salvajemente a sus héroes y que, aunque esté muy llevada al extremo, se intuye más cercana a la realidad de los conflictos bélicos que otras visiones más idealizadas.
¡Salud!
viernes, 10 de octubre de 2008
marc bou
Aquí mi primo Marc Bou (Alfafar, 1979) es uno de esos artistas que consideran a los friquis una nueva elite cultural. Me lo dijo la última vez que fuimos a un bar de Sedaví. Afirma ser friqui con el mismo orgullo con que William Wallace se declaraba escocés. Y pone a Alex de la Iglesia o a Guillermo del Toro como pruebas vivientes y creantes de su punto de vista.
A él le debo tener el alma partida entre Thomas Mann y Roy Thomas. Porque él me metió en el alma a Alan Moore, Tolkien, Lovecraft, Robert E. Howard, Michael Moorcock, Richard Corben, Brian Bolland, Frank Miller, Neil Gaiman, Barry Windsor Smith o John Buscema, que son arte igual que lo es Picasso. Y todos ellos me trabajan dentro junto a Tolstoi y algunos más que me callo cada vez que me lío a escribir o a imaginar.
También le debo a Marc Bou las adolescentes partidas de rol de los sábados y los domingos por la tarde. Hasta qué punto nos poseyó la adicción. Tanto que nos peleábamos por ejercer de master. Tanto que el germen de mis primeros cuentos estaba en aquellas sesiones alucinantes entre dados de doce y veinte caras.
Marc ya no es un adolescente. Ahora es un artista que se busca la vida por Barcelona y que ha trabajado en portadas de discos, tebeos y algunas movidas más. También se lo ha currado dibujándome una cara menos fea que la original para vilarbou.com.
Así que aquí os dejo con sus creaciones, intensas y duras. Originales, raras. Angustiosas. Cuanto más las miro más me molan.





A él le debo tener el alma partida entre Thomas Mann y Roy Thomas. Porque él me metió en el alma a Alan Moore, Tolkien, Lovecraft, Robert E. Howard, Michael Moorcock, Richard Corben, Brian Bolland, Frank Miller, Neil Gaiman, Barry Windsor Smith o John Buscema, que son arte igual que lo es Picasso. Y todos ellos me trabajan dentro junto a Tolstoi y algunos más que me callo cada vez que me lío a escribir o a imaginar.
También le debo a Marc Bou las adolescentes partidas de rol de los sábados y los domingos por la tarde. Hasta qué punto nos poseyó la adicción. Tanto que nos peleábamos por ejercer de master. Tanto que el germen de mis primeros cuentos estaba en aquellas sesiones alucinantes entre dados de doce y veinte caras.
Marc ya no es un adolescente. Ahora es un artista que se busca la vida por Barcelona y que ha trabajado en portadas de discos, tebeos y algunas movidas más. También se lo ha currado dibujándome una cara menos fea que la original para vilarbou.com.
Así que aquí os dejo con sus creaciones, intensas y duras. Originales, raras. Angustiosas. Cuanto más las miro más me molan.





martes, 7 de octubre de 2008
maleducado occidente
Horroriza ver cómo la literatura y la filosofía pierden peso en los programas de estudios de los colegios. Todo ello en beneficio de asignaturas más prácticas. Es decir, que algún día nuestros hijos serán muy prácticos y muy gilipollas.
A nosotros ya se nos enseñó poco latín. De hecho, en el instituto traduje ‘La guerra de las Galias’ de Julio César y creo que no lo hice bien porque, según mi traducción, ganaban los galos.
Siguiendo esta línea descendente, a los chavales de hoy les ahorran cualquier materia que pudiera forzarles a pensar: arte, filosofía… asignaturas que contribuyen a crear espíritus críticos. Que suscitan preguntas sobre el mundo que nos rodea. Que te obligan a tomar posición ante la exigente realidad.
Pero no. En vez de eso le cavamos la tumba a una generación hueca, individualista y tonta de consumismo. Una generación que va con el alma muerta. Lo dicho: muy prácticos y muy gilipollas. Los peleles fashion ideales para una civilización decadente y a punto de petar como la nuestra.
Por eso el Diablo aplaude iniciativas como los talleres de animación literaria para niños en los que andan metidos David Mateo y Claudio Cerdán. En ellos los chavales aprenden a imaginar. Descubren que tienen el poder de inventar mundos y personajes. Esto es una guerra y la batalla se gana en las aulas y en las mentes de los niños. Así que ole por mis dos colegas escritores que se juegan el tipo en los colegios armados sólo con historias y aventuras.
A lo largo de la semana pasada tuve la oportunidad de acercarme a los cuentos que unos caballeretes y señoritas de siete años se han sacado de la chistera. Y da alegría, y da optimismo, ver cómo estallan de sueños, sujetos, verbos y predicados. Y uno piensa aquello tan tonto y a veces tan cierto de que el ser humano, a pesar de todo, es extraordinario.
Y como la entrada de hoy ha arrancado con tanta acritud mañanera, mejor despedirla con los cuentos salidos de la mano de tres niños anónimos. Ya veréis que caña de chavales (he dejado mi preferido para el final):
El mago y el vampiro malo
Había una vez, hace poco tiempo, un mago que se llamaba Mágico y un vampiro que era muy malo y se llamaba Asecas. El mago sabía hacer mucha magia. Siempre que metía su mano en el sombrero sacaba un conejo o una paloma, pero quería sacar otras cosas más.
—¡Qué mala suerte! ¡Qué asco! ¡Siempre me sale lo mismo!
Y se enfadaba mucho.
El murciélago Asecas no tenía amigos porque se portaba mal. Un día que se fue de juerga se coló en la casa de Mágico y se metió en el sombrero.
Al día siguiente cuando el mago hizo su truco, en vez de una paloma o un conejo sacó un murciélago.
—¡Por fin he sacado otra cosa!
Pero se dio cuenta de que era el murciélago Asecas y se enfadó mucho e hicieron un duelo que duró media hora. Quedaron empatados: el mago hacía pociones mientras el vampiro las destrozaba.
Decidieron hacerse amigos. Prometieron nunca más reñir, pegarse, enfadarse, insultar con palabrotas y ser siempre amigos.
Se ayudaron y se fueron juntos de vacaciones toda la vida con el conejo y la paloma.
El unicornio y el basilisco
Érase una vez en un país muy, muy lejano en el que vivían miles y miles de criaturas mágicas. Pero sobre todo ese país era conocido por sus bellos unicornios y sus monstruosos basiliscos.
Un día muy tranquilo, un unicornio y un basilisco se miraron a los ojos y emprendieron una batalla.
En esa batalla utilizaron todos sus poderes, pero al final ganó el basilisco, y como trofeo le arrancó el cuerno al unicornio y se fue. Desde entonces el unicornio fue un ser infeliz, hasta que otro día se cruzaron de nuevo y se perdonaron. Pero al unicornio no se le podía poner el cuerno otra vez y entonces, como castigo para el basilisco, hicieron que se convirtiese en serpiente y de ahí vienen el caballo y la serpiente actuales.
El pirata y la espada
Había una vez un pirata que tenía una espada y que luchaba con ella. Ganaba en todas las luchas. Hasta que perdió una. Entonces le quitaron la espada, le mataron, le quemaron, le degollaron y le cortaron la cabeza.
A nosotros ya se nos enseñó poco latín. De hecho, en el instituto traduje ‘La guerra de las Galias’ de Julio César y creo que no lo hice bien porque, según mi traducción, ganaban los galos.
Siguiendo esta línea descendente, a los chavales de hoy les ahorran cualquier materia que pudiera forzarles a pensar: arte, filosofía… asignaturas que contribuyen a crear espíritus críticos. Que suscitan preguntas sobre el mundo que nos rodea. Que te obligan a tomar posición ante la exigente realidad.
Pero no. En vez de eso le cavamos la tumba a una generación hueca, individualista y tonta de consumismo. Una generación que va con el alma muerta. Lo dicho: muy prácticos y muy gilipollas. Los peleles fashion ideales para una civilización decadente y a punto de petar como la nuestra.
Por eso el Diablo aplaude iniciativas como los talleres de animación literaria para niños en los que andan metidos David Mateo y Claudio Cerdán. En ellos los chavales aprenden a imaginar. Descubren que tienen el poder de inventar mundos y personajes. Esto es una guerra y la batalla se gana en las aulas y en las mentes de los niños. Así que ole por mis dos colegas escritores que se juegan el tipo en los colegios armados sólo con historias y aventuras.
A lo largo de la semana pasada tuve la oportunidad de acercarme a los cuentos que unos caballeretes y señoritas de siete años se han sacado de la chistera. Y da alegría, y da optimismo, ver cómo estallan de sueños, sujetos, verbos y predicados. Y uno piensa aquello tan tonto y a veces tan cierto de que el ser humano, a pesar de todo, es extraordinario.
Y como la entrada de hoy ha arrancado con tanta acritud mañanera, mejor despedirla con los cuentos salidos de la mano de tres niños anónimos. Ya veréis que caña de chavales (he dejado mi preferido para el final):
El mago y el vampiro malo
Había una vez, hace poco tiempo, un mago que se llamaba Mágico y un vampiro que era muy malo y se llamaba Asecas. El mago sabía hacer mucha magia. Siempre que metía su mano en el sombrero sacaba un conejo o una paloma, pero quería sacar otras cosas más.
—¡Qué mala suerte! ¡Qué asco! ¡Siempre me sale lo mismo!
Y se enfadaba mucho.
El murciélago Asecas no tenía amigos porque se portaba mal. Un día que se fue de juerga se coló en la casa de Mágico y se metió en el sombrero.
Al día siguiente cuando el mago hizo su truco, en vez de una paloma o un conejo sacó un murciélago.
—¡Por fin he sacado otra cosa!
Pero se dio cuenta de que era el murciélago Asecas y se enfadó mucho e hicieron un duelo que duró media hora. Quedaron empatados: el mago hacía pociones mientras el vampiro las destrozaba.
Decidieron hacerse amigos. Prometieron nunca más reñir, pegarse, enfadarse, insultar con palabrotas y ser siempre amigos.
Se ayudaron y se fueron juntos de vacaciones toda la vida con el conejo y la paloma.
El unicornio y el basilisco
Érase una vez en un país muy, muy lejano en el que vivían miles y miles de criaturas mágicas. Pero sobre todo ese país era conocido por sus bellos unicornios y sus monstruosos basiliscos.
Un día muy tranquilo, un unicornio y un basilisco se miraron a los ojos y emprendieron una batalla.
En esa batalla utilizaron todos sus poderes, pero al final ganó el basilisco, y como trofeo le arrancó el cuerno al unicornio y se fue. Desde entonces el unicornio fue un ser infeliz, hasta que otro día se cruzaron de nuevo y se perdonaron. Pero al unicornio no se le podía poner el cuerno otra vez y entonces, como castigo para el basilisco, hicieron que se convirtiese en serpiente y de ahí vienen el caballo y la serpiente actuales.
El pirata y la espada
Había una vez un pirata que tenía una espada y que luchaba con ella. Ganaba en todas las luchas. Hasta que perdió una. Entonces le quitaron la espada, le mataron, le quemaron, le degollaron y le cortaron la cabeza.
domingo, 5 de octubre de 2008
De orgasmos y navegantes
Bienvenido a El Diablo me dijo, el único blog donde empiezas hablando de la HispaCon y terminas discutiendo sobre la virginidad. Hoy voy a promocionarme un poco. A ver si alguien se cree que he abierto esta bitácora para luchar por un mundo mejor.
A todo esto, esta semana es importante para mí por un hecho en apariencia pequeño: ‘Después del orgasmo’ (la novela de 60 páginas con elogiadas ilustraciones de Anabel Zaragozí que te puedes descargar pinchando en la imagen de la izquierda) ya forma parte de la biblioteca de Sedice gracias a la gestión del amabilísimo Zarox, bibliotecario de Leelibros. Es la primera vez que me lío con esto de las bibliotecas digitales, y de nuevo me invade esa sensación de que las cosas están cambiando. Hoy me siento moderno. Bueno, dejémoslo en actual.
Hace unas semanas un amigo me dijo que no era buena idea colgar mis cuentos (los publicados en papel) en vilarbou.com. Le respondí que, a fecha de hoy, octubre de 2008, ‘Vidas de piedra’, por ejemplo, me hace mucho más bien en pdf y a un clic de cualquier criatura del universo que en la inolvidable revista Galaxia donde fue publicado cuatro años atrás.
En el momento en que este relato fue seleccionada para la revista me hicieron padre: el cuento tuvo buenas críticas (otros que he publicado luego han tenido menos fortuna en ese sentido). Este hecho me animó a creer en la idea de ‘Los navegantes’ y a acometerla. Ver un cuento mío por fin impreso, con ilustraciones y encima cobrando me hizo comprender que tal vez escribir no era un juego de estudiantes universitarios, sino algo más. Me sentí por primera vez escritor de verdad… en definitiva la publicación en papel de 'Vidas de piedra' es un hecho muy importante en mi brevísimo periplo de follaletras.
Sin embargo ese momento pasó. Galaxia ya no existe y la vida ha seguido para todos. Y ahora lo que quiero es que ese cuento pueda leerse. Que exista la posibilidad de que esté en manos de cualquiera. Que me lean. Este que escribe no pide más que eso: que un conocido o un desconocido se la juegue con sus letras.
Por eso he colgado 'Vidas de piedra' y los demás cuentos en vilarbou.com. Y también me hace ilusión que 'Después del orgasmo' forme parte de una biblioteca digital. Y más si es la de Sedice, web a la que desde aquí se adora.
Ojo, no me las quiero dar de falso bohemio: amo el papel, sobre todo el papel moneda.
Aquí el link y la sinopsis de ‘Después del orgasmo’ en la varioteca Leelibros:
Un orgasmo va a cambiar la vida de Alberto. Después de echar un polvo con una desconocida, el joven se empeña en descubrir a la persona que hay detrás de su ligue. El amor le lleva a Madrid donde acabará metido en un piso de la Latina, conviviendo con un falso curandero, una cantautora sin talento, culturetas, porreros y todo un carnaval de esperpénticos personajes. Con ilustraciones de la artista Anabel Zaragozí, la novela deriva de lo cómico a lo dramático en un viaje a través de las verdades y mentiras de la vida y del amor.
Por cierto que, aunque hace ya año y pico que Grupo AJEC, de Raúl Gonzálvez, cometió la locura de publicar ‘Los navegantes’ (eso dice mi madre), aún andan saliendo reseñas. Ésta aparece en el blog ‘La espiral tangencial’. Me mete bastante caña en ciertos aspectos, pero sería de imbéciles pensar que la novela no tiene puntos débiles. Las críticas no me joden cuando van hechas con rectitud. Y este es un caso.
Además, el último párrafo, el que habla sobre sexo anal, es tan genial (gracioso pareado) que no me hubiera importado incluirlo en algún capítulo del libro.
Aquí el enlace.
¡Salud!
A todo esto, esta semana es importante para mí por un hecho en apariencia pequeño: ‘Después del orgasmo’ (la novela de 60 páginas con elogiadas ilustraciones de Anabel Zaragozí que te puedes descargar pinchando en la imagen de la izquierda) ya forma parte de la biblioteca de Sedice gracias a la gestión del amabilísimo Zarox, bibliotecario de Leelibros. Es la primera vez que me lío con esto de las bibliotecas digitales, y de nuevo me invade esa sensación de que las cosas están cambiando. Hoy me siento moderno. Bueno, dejémoslo en actual.
Hace unas semanas un amigo me dijo que no era buena idea colgar mis cuentos (los publicados en papel) en vilarbou.com. Le respondí que, a fecha de hoy, octubre de 2008, ‘Vidas de piedra’, por ejemplo, me hace mucho más bien en pdf y a un clic de cualquier criatura del universo que en la inolvidable revista Galaxia donde fue publicado cuatro años atrás.
En el momento en que este relato fue seleccionada para la revista me hicieron padre: el cuento tuvo buenas críticas (otros que he publicado luego han tenido menos fortuna en ese sentido). Este hecho me animó a creer en la idea de ‘Los navegantes’ y a acometerla. Ver un cuento mío por fin impreso, con ilustraciones y encima cobrando me hizo comprender que tal vez escribir no era un juego de estudiantes universitarios, sino algo más. Me sentí por primera vez escritor de verdad… en definitiva la publicación en papel de 'Vidas de piedra' es un hecho muy importante en mi brevísimo periplo de follaletras.
Sin embargo ese momento pasó. Galaxia ya no existe y la vida ha seguido para todos. Y ahora lo que quiero es que ese cuento pueda leerse. Que exista la posibilidad de que esté en manos de cualquiera. Que me lean. Este que escribe no pide más que eso: que un conocido o un desconocido se la juegue con sus letras.
Por eso he colgado 'Vidas de piedra' y los demás cuentos en vilarbou.com. Y también me hace ilusión que 'Después del orgasmo' forme parte de una biblioteca digital. Y más si es la de Sedice, web a la que desde aquí se adora.
Ojo, no me las quiero dar de falso bohemio: amo el papel, sobre todo el papel moneda.
Aquí el link y la sinopsis de ‘Después del orgasmo’ en la varioteca Leelibros:
Un orgasmo va a cambiar la vida de Alberto. Después de echar un polvo con una desconocida, el joven se empeña en descubrir a la persona que hay detrás de su ligue. El amor le lleva a Madrid donde acabará metido en un piso de la Latina, conviviendo con un falso curandero, una cantautora sin talento, culturetas, porreros y todo un carnaval de esperpénticos personajes. Con ilustraciones de la artista Anabel Zaragozí, la novela deriva de lo cómico a lo dramático en un viaje a través de las verdades y mentiras de la vida y del amor.
Por cierto que, aunque hace ya año y pico que Grupo AJEC, de Raúl Gonzálvez, cometió la locura de publicar ‘Los navegantes’ (eso dice mi madre), aún andan saliendo reseñas. Ésta aparece en el blog ‘La espiral tangencial’. Me mete bastante caña en ciertos aspectos, pero sería de imbéciles pensar que la novela no tiene puntos débiles. Las críticas no me joden cuando van hechas con rectitud. Y este es un caso.
Además, el último párrafo, el que habla sobre sexo anal, es tan genial (gracioso pareado) que no me hubiera importado incluirlo en algún capítulo del libro.
Aquí el enlace.
¡Salud!
viernes, 3 de octubre de 2008
Montero Glez se lo curra con 'Los navegantes'
Todos sabemos que en esto de escribir hay momentos en los que pasan cosas y momentos en los que no. Me proponía escribir dos entradas semanales en este blog, pero en estos días, aún dubitativos y de estreno o tanteo, me está tocando actualizarlo furiosamente. Que dure.
Hoy ando muy contento porque recién llegado a casa me ha caído una sorpresa de órdago: Montero Glez, flamante premio Azorín de novela con 'Pólvora Negra', columnista de ABC y creador del ‘folclore cósmico’, ha dedicado un comentario a ‘Los navegantes’. Lo ha hecho en su popularísimo blog, 'La Trinchera cósmica'. Muy egoístamente, voy a extraer lo que me corresponde de la entrada, con permiso de los otros dos libros a los que se hace referencia en ella:
“Cada vez que escucho a alguien tocar a guitarrazos como Jimi Hendrix lo hacía, me da un subidón que agradezco ya que me trae de nuevo al negro del Diablo. Igual me pasa cuando los gitanos cantan por Camarón. Más que recriminarles por no hacer nada nuevo les aplaudo pues gracias a ellos vuelve el Camarón a vivir. Cuando eso sucede en literatura, es milagroso.
Hace dos veranos leí con agradecimiento la obra titulada Los Navegantes, de un joven valenciano que se llama José Miguel Vilar. Leyendo su desatada historia de ciencia ficción toda ella plagadita de personajes valleinclanescos, José Miguel Vilar me devolvió a veinte años atrás, a la época en que flipaba con las viñetas que contaba Jodorowsky y que dibujaba Moebius”.
Aunque suelo seguir ‘La trinchera cósmica’, me he enterado de la nueva gracias a alguien llamado Juanfran, que ha tenido el detallazo de dejarme un mensaje avisándome. Así que muchas gracias a este amable desconocido y, por supuesto, muchas gracias a Montero Glez.
Hoy ando muy contento porque recién llegado a casa me ha caído una sorpresa de órdago: Montero Glez, flamante premio Azorín de novela con 'Pólvora Negra', columnista de ABC y creador del ‘folclore cósmico’, ha dedicado un comentario a ‘Los navegantes’. Lo ha hecho en su popularísimo blog, 'La Trinchera cósmica'. Muy egoístamente, voy a extraer lo que me corresponde de la entrada, con permiso de los otros dos libros a los que se hace referencia en ella:
“Cada vez que escucho a alguien tocar a guitarrazos como Jimi Hendrix lo hacía, me da un subidón que agradezco ya que me trae de nuevo al negro del Diablo. Igual me pasa cuando los gitanos cantan por Camarón. Más que recriminarles por no hacer nada nuevo les aplaudo pues gracias a ellos vuelve el Camarón a vivir. Cuando eso sucede en literatura, es milagroso.
Hace dos veranos leí con agradecimiento la obra titulada Los Navegantes, de un joven valenciano que se llama José Miguel Vilar. Leyendo su desatada historia de ciencia ficción toda ella plagadita de personajes valleinclanescos, José Miguel Vilar me devolvió a veinte años atrás, a la época en que flipaba con las viñetas que contaba Jodorowsky y que dibujaba Moebius”.
Aunque suelo seguir ‘La trinchera cósmica’, me he enterado de la nueva gracias a alguien llamado Juanfran, que ha tenido el detallazo de dejarme un mensaje avisándome. Así que muchas gracias a este amable desconocido y, por supuesto, muchas gracias a Montero Glez.
Una fábula urbana de Milán
Piazza Maciachini es un continuo ir y venir de gente. Gente de barrio inmigrante. En este concretísimo ecosistema se da un fenómeno particularmente divertido. Se trata de la convivencia de un negocio de tatuajes y del locutorio que tiene al lado. Aunque su dedicación oficial son los tatoos, la primera es una tienda nazi. Venden, un poco de tapadillo, quincallería skin —cruces, escudos, camisetas, botas, cinturones, cazadoras, etc. En la puerta siempre hay dos, tres e incluso cuatro cabezas rapadas que charlan relajadamente. Sospecho que están ahí para vigilar el pequeño negocio, sito en una plaza con inmensa mayoría foránea: negros, latinos, moros, chinos. Veo allí cada tarde a los guardianes de Europa con sus músculos, sus cordones blancos y las inevitables cruces gamadas.
El locutorio, en cambio, lo regentan unos orientales. Voy a veces, cuando tengo que telefonear fuera de Italia. Y eso que la primera vez me tangaron con el precio de un fax, los muy cabrones. En su interior, donde se puede fumar, reina una atmósfera abigarrada y babélica. Olores y voces de hemisferios opuestos se mezclan creando un caldo espeso y vital. Se ríe, se llora. Se dan noticias esperanzadoras, inquietantes o intrascendentes. En el locutorio Micar se percibe a todas horas una tensa emoción. Hay algo agridulce en él. Es un ágora más para los menos ganadores de la globalización. Del éxodo global. Irán. Perú. Camerún. No es difícil adivinar la tristeza de quienes hablan encerrados en las cabinas. La frustración de no poder vivir en el lugar donde nacieron. No aman Milán. Ni nuestro mundo absurdo. Ni las incertidumbres hacia las que deriva.
A priori se diría que los propietarios de uno y otro negocio se llevan a matar. Pero no es así. En más de una ocasión he visto al dueño del local fascista quejándose a su vecino oriental de lo sucias que están las calles o lamentándose por un perro que les mea a ambos la persiana. Una vez, al entrar en el locutorio, encontré a la chica del negocio de tatuajes pidiendo cambio en la caja porque se le habían acabado las monedas. El encargado se lo dio con la naturalidad que imponen el trato y la costumbre.
En general, aquí todo es muy diferente de mi risueño y multirracial barrio de Ixelles, en Bruselas. Cuando vivía allí, solía hacer la compra en las pequeñas tiendas de mi calle. Las regentaban hijos de Sri Lanka —el vendedor, que vestía como el Doctor No, tenía las imágenes de sus dioses sobre el frigorífico—, Mozambique —un matrimonio que a veces me regalaba la fruta— y Marruecos.
También frecuentaba el comercio de un hindú, pero un día, en broma, le pregunté en qué grupo del Mundial de Fútbol jugaba su selección y dejó de dirigirme la palabra.
Iba mucho también a un kebab de rue Goffart que se llama Aladdin. Uno de los dueños, un marroquí de Rabat, había vivido en Barcelona. A veces buscábamos palabras comunes del árabe y el español. La lista, como se sabe, es interminable, pero no por ello menos sorprendente.
Sucedía que, de repente, las sonrisas se quedaban congeladas. Y todos los ojos iban al televisor. Era Al Jazeera que transmitía imágenes atroces de niños libaneses troceados y calcinados por las bombas de Israel. Imágenes que nuestras teles occidentales nos ahorran para no herir nuestra presunta sensibilidad. Para que no tengamos que ver el mundo que hemos propiciado con nuestros actos o con nuestras omisiones.
Aquel verano, mientras Israel y Hezbolá se asesinaban, mientras el mundo civilizado masacraba Irak y Afganistán, en Bruselas, musulmanes y occidentales compartíamos tiendas, alquileres, cines, paseos, aulas, discotecas, academias de francés, brocantes y supermercados. Tal vez besos.
El locutorio, en cambio, lo regentan unos orientales. Voy a veces, cuando tengo que telefonear fuera de Italia. Y eso que la primera vez me tangaron con el precio de un fax, los muy cabrones. En su interior, donde se puede fumar, reina una atmósfera abigarrada y babélica. Olores y voces de hemisferios opuestos se mezclan creando un caldo espeso y vital. Se ríe, se llora. Se dan noticias esperanzadoras, inquietantes o intrascendentes. En el locutorio Micar se percibe a todas horas una tensa emoción. Hay algo agridulce en él. Es un ágora más para los menos ganadores de la globalización. Del éxodo global. Irán. Perú. Camerún. No es difícil adivinar la tristeza de quienes hablan encerrados en las cabinas. La frustración de no poder vivir en el lugar donde nacieron. No aman Milán. Ni nuestro mundo absurdo. Ni las incertidumbres hacia las que deriva.
A priori se diría que los propietarios de uno y otro negocio se llevan a matar. Pero no es así. En más de una ocasión he visto al dueño del local fascista quejándose a su vecino oriental de lo sucias que están las calles o lamentándose por un perro que les mea a ambos la persiana. Una vez, al entrar en el locutorio, encontré a la chica del negocio de tatuajes pidiendo cambio en la caja porque se le habían acabado las monedas. El encargado se lo dio con la naturalidad que imponen el trato y la costumbre.
En general, aquí todo es muy diferente de mi risueño y multirracial barrio de Ixelles, en Bruselas. Cuando vivía allí, solía hacer la compra en las pequeñas tiendas de mi calle. Las regentaban hijos de Sri Lanka —el vendedor, que vestía como el Doctor No, tenía las imágenes de sus dioses sobre el frigorífico—, Mozambique —un matrimonio que a veces me regalaba la fruta— y Marruecos.
También frecuentaba el comercio de un hindú, pero un día, en broma, le pregunté en qué grupo del Mundial de Fútbol jugaba su selección y dejó de dirigirme la palabra.
Iba mucho también a un kebab de rue Goffart que se llama Aladdin. Uno de los dueños, un marroquí de Rabat, había vivido en Barcelona. A veces buscábamos palabras comunes del árabe y el español. La lista, como se sabe, es interminable, pero no por ello menos sorprendente.
Sucedía que, de repente, las sonrisas se quedaban congeladas. Y todos los ojos iban al televisor. Era Al Jazeera que transmitía imágenes atroces de niños libaneses troceados y calcinados por las bombas de Israel. Imágenes que nuestras teles occidentales nos ahorran para no herir nuestra presunta sensibilidad. Para que no tengamos que ver el mundo que hemos propiciado con nuestros actos o con nuestras omisiones.
Aquel verano, mientras Israel y Hezbolá se asesinaban, mientras el mundo civilizado masacraba Irak y Afganistán, en Bruselas, musulmanes y occidentales compartíamos tiendas, alquileres, cines, paseos, aulas, discotecas, academias de francés, brocantes y supermercados. Tal vez besos.
miércoles, 1 de octubre de 2008
101 coños

Me ha costado mucho trabajo pero por fin tengo 101 coños. Con ellos estoy disfrutando de lo lindo. A veces me hacen reír y a veces pensar. Son coños sugerentes e inacotables. Son coños que hablan.
Tal vez 101 coños sea el libro de cuentos más curioso que me ha pasado por las manos en mucho tiempo. Preferiría que pasaran por mis manos 101 coños en sentido estricto, pero de momento tendré que conformarme con esta imaginativa obra escrita a seis manos (volvemos a lo mismo) por Carlos Maza Serneguet, Salvador Alario Bataller e Iván Humanes Vespín. El necesario contrapunto femenino (no se puede hablar tanto sobre coños sin que haya una mujer implicada) es la dibujante Vanesa Domingo Montón que le da color a la letra con sus ilustraciones en blanco y negro.
Tiene algo que me llama la atención el libro, y es que los autores mezclan sus cuentos sin que sepamos cuál es de quién. Mola esta sensación de trabajo amigable y colectivo. Es cosa rara de ver en un mundo de egos como el de los escritores.
Lo metafísico, lo surrealista y lo chistoso deambulan libremente de relato en relato. 101 coños nos propone un viaje por el más bello y cambiante de los paisajes orgánicos.
No me resisto a destapar alguno de los cuentos que pululan por sus váginas, digo páginas:
Cuando puse mi oído en su coño escuché los ecos de una remotísima fiesta.
Tenía una almeja grande, soberbia, algo altiva. Desde el primer día me infundió respeto, y le hablaba de usted.
Qué mal hizo el caballero de la Media Luna en ir contando en el frente que había dejado a su dama en el castillo sola y con un cinturón de castidad. El mejor de toda Eurasia, graznaba, muy pagado de su celo. Y era de un parlanchín tan insensato que a los dos días ya estaban el enemigo y el amigo tras las llaves, tres, del ingenio ―la belleza de la dama era vox populi―, pues el cenutrio las portaba siempre consigo. Poco tardaron en darle muerte entre cinco, en infame coyunda, pues el caballero era lerdo, sí, pero enorme y de gran fuerza. Mas, ay, hado infausto, al llegar al castillo los desertores lo encontraron vacío. Se la llevó el cerrajero.
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